Mostrando entradas con la etiqueta historias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historias. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de febrero de 2010

TODOS LOS DÍAS SE APRENDE ALGO

Está bien que una tarde de viernes, de una semana de la que no esperas mucho más, un amigo te sorprenda haciéndote pensar algo... (Gracias Maite)


" He aprendido "

Que no puedes hacer que alguien te ame. Todo lo que puedes hacer es ser alguien quien pueda ser amado, el resto depende de ellos.

He aprendido que no importa cuánto quieras, algunas personas simplemente no corresponden tu cariño.

He aprendido que cuesta años construir la confianza y sólo unos segundos para destruirla.

He aprendido que no es lo que tienes en la vida, sino a quien tienes lo que cuenta.

He aprendido que te la puedes arreglar con encanto, pero tan sólo por 15 minutos. De allí en adelante, es mejor que sepas algo.

He aprendido que no te debes comparar con lo mejor que otros pueden hacer, sino con lo que tú mejor puedes hacer.

He aprendido que no es lo que le pasa a la gente lo que es importante, es lo que hacen al respecto.

He aprendido que puedes hacer algo en un instante que te dará dolor de cabeza de por vida.

He aprendido que me está costando mucho tiempo ser la persona que quiero ser.

He aprendido que es mucho más fácil reaccionar que pensar.

He aprendido que, o controlas tu carácter,o tu carácter te controla a ti.

He aprendido que sin importar cuan caliente y ardiente es una relación al principio, la pasión desaparece, y es mejor que haya algo que tome su lugar.

He aprendido que los héroes son personas que hacen lo que se tiene que hacer cuando se debe hacer, sin importar las consecuencias.

He aprendido que aprender a perdonar requiere práctica.

He aprendido que hay gente que te quiere mucho pero que no sabe cómo mostrártelo.

He aprendido que el dinero es una mala manera de evaluar.

He aprendido que algunas veces la gente que tú esperas que te pateen cuando estás caído serán los que te ayuden a levantarte.

He aprendido que una amistad verdadera continua creciendo aún en medio de una gran distancia. Igual sucede con el amor verdadero.

He aprendido que tan sólo porque alguien no te ama de la manera que quieres que te ame, no significa que no te ame con todo lo que tiene.

He aprendido que no debemos cambiar de amigos si entendemos que los amigos cambian.

He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros.
A veces debes aprender a perdonarte a ti mismo.

He aprendido que no importa que esté roto tu corazón, el mundo no se detiene por tu dolor.

He aprendido que nuestro pasado y las circunstancias podrían haber influenciado quienes somos, pero somos responsables por quienes seremos.

He aprendido que sólo porque dos personas discutan no significa que no se amen y tan sólo porque no discutan no significa que lo hagan.

He aprendido que dos personas pueden mirar la misma cosa y ver algo totalmente diferente.

He aprendido que no importa como intentes proteger a tus niños, en algún momento saldrán heridos y te herirán en el proceso.

He aprendido que no importa las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos llegan más lejos en la vida.

He aprendido que tu vida puede cambiar en cuestión de horaspor gente que ni siquiera conoces.

He aprendido que aún cuando piensas que no tienes nada más para dar, cuando un amigo llora en ti tú encontrarás la fuerza para ayudarlo.

He aprendido que escribir, lo mismo que hablar, puede aliviar dolores emocionales.

He aprendido que diplomas en una pared no te hacen un ser humano decente.


Qué has aprendido tú???

miércoles, 18 de noviembre de 2009

CON UNA SONRISA



No sé lo que me pasa pero hoy me he descubierto sonriendo sin motivo alguno. Me pongo a preparar el desayuno y los labios se me alargan involuntariamente; conduzco hacia el trabajo y saludo alegremente a todo aquel con el que me cruzo. Sonrío al sentarme ante el ordenador, lo hago en la cola del supermercado, lo hago también en la piscina, lo que me costó un buen trago de agua clorada.

Y la verdad es que no sé por qué pero me siento diferente. MEJOR. Si me pongo a pensar, algún motivo encuentro; un cúmulo de cuestiones que han marcado un punto de inflexión en mi, últimamente, gris vida. He tardado pero parece que esto está pasando, no sé como llegó ni como ha decidido irse pero lo está haciendo.

Ahora sólo me falta atreverme a dar algún paso más porque quiero seguir sorprendiéndome SONRIENDO.

jueves, 28 de mayo de 2009

BARCELONA

Por soñar que no quede

En el cielo parecían dibujarse figuras animadas que le recordaban estampas de cuando era pequeña y se tumbaba a ver pasar el tiempo en la terraza de casa de sus abuelos. Otro recuerdo renació en sus retinas en el viaje en tren que le llevaba hasta la Ciudad Condal donde, precisamente el recuerdo de algo o alguien que quiso existir y no pudo, años después, reclamaba su presencia, su atención, unos días de su vida.
Era un viaje que siempre habían tenido pendiente: cuando hacían planes de futuro los diseñaban en torno al mar al que cantaba Serrat; soñaban con compartir paseos bajo la mirada de Gaudi, con cantar a pleno pulmón desde el Tibidado y perderse en el verde de Montjuic.




Pero sonó el despertador antes de tiempo y como queriendo arañar cinco minutos más al despertador, ese viaje se convirtió en un intento de volver a los brazos de Morfeo y dejarse envolver en esa realidad onírica.



Y llegó sin avisar a pesar de no confiar mucho en la generosidad del destino. Y ascendió por la Bajada de la Gloria hasta el balcón más alto desde el que oteó el horizonte en busca de su silueta. El sueño continuó en el Parque Güell entre moluscos y dragones que la transportaron hasta Paseo de Gracia. Una vez allí, desde un balcón floral, saltó hasta un gran tejado en el que los colores se mezclaban con olores, el tacto daba paso a distintos sabores que aún no lograban parecerse al suyo.




También esperó encontrarlo en la Plaza de Cataluña pero no estaba. Tampoco era él ninguna de las personas que exponían su arte en Las Ramblas, ni de las que bebían agua en Canaletas, ni se escondía en los soportales de la Plaza Real.






No pudo encontrarlo entre el bullicio del Maremagnum, ni en la Barceloneta ni en el puerto olímpico. No era uno de los activistas que acampaban ante la Monumental, ni corría en el estadio olímpico. Lo buscó en Montjuic, en la Diagonal, en el Ensanche... Creyó verlo en uno de los puestos que venden lo indecible en el mercado de la Boquería, pero no era él; tampoco resultó ser ninguna de las sombras con las que se cruzó en la inacabada obra gaudiana, ni estaba en la dirección que le indicó Colón. La iluminación de la Catedral de Santa Maria del Mar la envolvió e hizo más grandioso su recuerdo, aunque seguía sin estar allí.







Visitó iglesias y catedrales; barrios bajos y altos residenciales; grandes avenidas y callejones estrechos; elevados balcones y pasajes subterráneos; monumentos históricos y edificios vanguardistas...




Y cuando empezaba a perder la esperanza una voz ronca entonó un tango.

lunes, 10 de noviembre de 2008

CIUDAD DE ENSUEÑO

El cine influye en nuestras vidas de formas que a veces no somos capaces de concebir a primera vista. El cine ha creado relaciones interpersonales, ha diseñado las relaciones amorosas, hace cotidianos paisajes lejanos, altera las distancias y el tiempo.

Han sido unos días en los que me creía estar dentro de una gran pantalla de cine; caminaba por grandes avenidas que reconocía, veía paisajes que me resultaban familiares, entraba en los edificios de mis pósters de adolescencia, era una más de los actores de "la ciudad que nunca duerme".
La noche nos recibió al salir del metro en la calle 34 y detrás, en violetas y rojos tonos, se levantaba el edificio que intentó ayudar al gorila en el rapto de su amada. Las brillantes luces se reflejaban en mis ojos que querían absorver todo lo que iba a ver.

La helada brisa nos daba la bienvenida a una ciudad que aún no ha superado el terror de aquel 11 de septiembre, en la que andas pensando en las imagenes con las que almorzamos alquel día y en la que vecinos y turistas agradecen el que les vuelva a ofrecer la mejor de sus caras. Una alfombra de luces se extiende ante nosotros desde el mirador del Empire State Building.
No todo son racacielos, no todo gente con prisa por la calle, no todo banderas con sus barras y sus estrellas. Nueva York no es sólo la ciudad que nos han enseñado. Nueva York es una pareja paseando a su bebé a orillas del rio Hudson; es la cara del bebé que nos miraba sonriendo mientras nosotros alucinábamos al ver un misa con su coro de Gospel en una de las iglesias de Harlem; es también música de jazz en una oscura esquina de la 9ª avenida, es sonrisas compartidas con el mejicano que nos dió de cenar, en español, más de una noche. Nueva York era una de las ciudades escenario de mis sueños y se ha convertido en uno de mis viajes nunca soñados.

jueves, 23 de octubre de 2008

THE TRAVEL GOES ON

Ya llevo aqui unos dias y desde el primero parece que estoy en casa. Superada la primera impresion de vertigo vertical al bajar del metro por primera vez, Nueva York te atrae, te seduce, te hace suya.
Cuando el avion que me trajo hasta Nueva York se disponia a aterrizar en el Internacional Airport JFK subi la persiana de la ventanilla para no perder ningun detalle del paisaje. El azul infinito de agua y cielo con el que llevabamos mas de ocho horas fue sustituido por un gris sereno y retazos de tierra desperdigados. Desde todavia 3000 metros de altura se empiezan a divisar diminutas casitas tipicas de pelicula americana con su jardin, garaje y el coche aparcado en la puerta, e incluso muchas de ellas con su propio embarcadero. Y asi un rato, mas casas, mas coches, mas diminutas personas paseando a sus perros pero ni rastro de los enormes rascacielos con los que pensabas encontrarte al llegar a esta ciudad. Muchas de las caras de los viajeros con los que comparti el viaje se preguntaban lo mismo que yo, mirando a derecha e izquierda, forzando la vista en el horizonte sin encontrar rastro alguno de la "skyline" neoyorkina.
El personal de vuelo nos habia entregado hacia rato los cuestionarios de aduana e inmigracion de los EEUU para que los entregaramos al llegar al aeropuerto, sin duda uno de los momentos que yo mas temia. Despues de mas de una hora de espera, se nos asigna puerta y podemos desembarcar.
Oh, my God! no entiendo ni una palabra de lo que me estan diciendo, pero al final, no se como, todo "is OK" y puedo comenzar mi aventura americana.......

.......(lo siento, comence hace unos dias el relato pero me ha sido imposible continuarlo, muchas cosas que ver y que hacer. Ya estoy en San Francisco, os ire relatando el viaje poco a poco, quizas cuando vuelva a casa que es en tan solo unos dias)........................

sábado, 13 de septiembre de 2008

DEL VERANO

El veranito parece que se está acabando lo que no me preocupa en exceso. Antes sí, antes odiaba el mes de septiembre. Con él llegaba en final de casi tres meses de vacaciones, de encuentros con los "amigos del verano", de tardes de helados, de confidencias, de risas, de... y de las noches mejor ni hablar. Pero ahora, la verdad, es que no me emociona de manera especial el verano, lo siguen haciendo los encuentros, las llamadas en plena siesta para echar un café, las noches de piscina, una cerveza en una terracita, o las escapadas de fin de semana. Hacía tiempo que no tenía vacaciones durante los meses de verano y quizá por eso el verano no es lo que era. Intento disfrutar durante todo el año de esos momentos que antes sólo los propiciaba la época estival.
Pero este verano ha sido diferente, sí he tenido unos días de vacaciones que he aprovechado como nunca, y llevo semanas intentándo hablaos de ellos pero no sé lo que me pasa, no me salen las palabras, se me amontonan las ideas. Por ahora decir que han sido unas vacaciones de encuentros y reencuentros, de descubrimientos, de ciudades y gentes geniales.
Os lo contaré, lo prometo.

lunes, 4 de agosto de 2008

VESTIGIOS EPISTOLARES

Foto: El País
Aunque soy ferviente defensora de las nuevas tecnologías, sobre todo como medio de comunicación, tengo que reconocer que hay otros, que están desapareciendo, y que se echan de menos.
Hace unos días me proponía hacer la habitual limpieza de armario cuando choqué con mi caja de zapatos. Es una de mis cajas de recuerdos (antes tenía más pero con el tiempo me voy deshaciendo de ellas) MI CAJA, con mayúsculas, la caja donde guardo las cartas que sobre todo en mi adolescencia, recibía de mis amigos. Las hay de papel perfumado, de tan sólo unos renglones, devueltas por dirección incorrecta, con sobres personalizados, con dibujos, con besos de carmin, con poemas, con dedicatorias, sin ellas, con buenas y malas noticias, con regalos, con música, sobres del correo aéreo (qué ilusión me hacían esas), con sellos de pesetas, sin sellos.... y hay cartas sin enviar.
Hacía mucho que no me había dado por repasar esa caja, tanto, tanto tiempo. Entre las cartas sin enviar había una que ni siquiera recordaba haber escrito. ¡Cuánto tiempo ha pasado!. La abrí porque tampoco sabía de su contenido; ahí estaban, esas palabras, esa cicatriz que se vuelve a dejar sentir, esos sentimientos ahogados bajo el almohadón y esa frase con la que terminaba que quise compartir con vosotros en mi anterior post.
Y ahí seguirá MI CAJA testigo de tantas cosas. He decidido que volver a retomar esa bonita costumbre, la de escribir cartas.

sábado, 19 de julio de 2008

UNOS CUANTOS BORRONES

Nuevo día, borrón y cuenta nueva. Aún hubo más cosas ayer, pero alguna demasiado desagradables para hablar de ellas aquí. Buenos días, de nuevo en camino.

viernes, 18 de julio de 2008

¿UN RATITO MÁS?

¿Nos os ha pasado nunca que hay días en los que casi habrías preferido no haberte levantado de la cama? Hoy ha sido uno de esos días para mí y aún no ha acabado.


El calor me ha jugado una mala pasada esa noche y ha hecho que vea todas las horas que marca el reloj; cuando empezaba a amanecer el sueño empezó a vencerme y cuando por fin sonó el despertador, como si fuese una niña chica, casi me pongo a llorar porque quería dormir un ratito más, pero como ya soy toda una mujer, como diría mi madre, y tengo que ser responsable pues a levantarse que hay que trabajar. Primera parada el baño con su ducha incluida, que por cierto, hoy le ha dado por jugar con el agua caliente. No pasa nada, una buena sonrisa en la cara y a desayunar, algo que podrías hacer si no se hubiesen acabado todo el zumo¡¡¡¡¡¡. Tampoco pasa nada, un vasito de leche (aunque no la soporte) no le hace mal a nadie. Lo demás ha transcurrido con normalidad. Ya en la calle me dispongo a coger el coche ...¡¡¡¡maldita sea, las luces están encendidas!!!!!. La última persona que lo cogió ayer se olvidó de apagarlas y probablemente no arranqué, pero no es así, lo hace a la primera y el día continúa con su habitual normalidad.

Toca pagar el seguro del vehículo antes de ir a trabajar, pero está cerrado aunque pone que a las 9 abría; vuelvo más tarde, sigue cerrado, al final no llegaré al trabajo, ahí viene, vale, todo resuelto.

Como cada viernes, en principio se presenta una jornada tranquila de trabajo, o eso pensaba yo. A media mañana asisto a un acto en la piscina municipal y al salir, tropiezo, caigo y me desdibujo pierna, rodilla, manos y codos, vamos que quedo para echarme una fotito que yo sé que a alguno le ha dado gana. Me levanto como si allí no hubiese pasado nada, todo digna y sigo hacia la calle. ¿Tienes con quién irte?. Sí, no te preocupes, he traido coche. ¿He traido coche?, maldito coche que ahora se niega a arrancar. Ring, ring, ¿puedes traer las pinzas del coche?, es que creo que me he quedado sin bateria, anoche alguien se dejó las luces echadas, gracias. La herida de la pierna no para de sangrar y ahora duele mucho. El coche se niega a arrancar ni con ayuda. El teléfono suena y es que hace mucho que debería haber vuelto al trabajo. La grúa, ¿ocupada?, no pasa nada se queda aparcado y esta tarde vuelvo a por él. No te preocupes, vete que ya lo hago yo. Gracias. ¡Ah! pero no te vayas a ir sin curarte esa herida, tiene muy mala pinta.

Un día de lo más normal, ¿no?, yo no soy pesimista.

Mensaje en el móvil: el hotel al que ibamos está completo a vosotras dos os puedo coger habitaciones en otros hoteles de pueblos cercanos, pero son 150 euros más, ¿qué hago?. Inténtalo allí aunque no me apetece estar sola en otro sitio. Que no, que tampoco quedan hay algo a 50 kilómetros. Pues no te preocupes, otra vez será.

Y sigue mi racha.

Llamada por teléfono a las 15.00 horas, me entretengo y olvido que la comida estaba puesta en el fuego, el olor a humo me lo recuerda. Adiossss, bueno, en realidad hoy sólo me apetecía comer un poco de fruta.

Pues no, la verdad es que no sé lo que he hecho pero el caso es que el cajero automático se ha tragado la tarjeta y necesitaba dinero esta tarde. Vale, el lunes me acercaré a mi oficina, pero mientras tanto ¿qué hago?. De acuerdo, Buenas Tardes.

Y después de atragantarme con un sorbo de agura me voy a sentar un ratito frente al ordenador y desahogarme y a ver si ahí no me pasa nada.

Ummm¡¡¡¡ 18 de julio. No sé si me gusta esta fecha. Desde luego hoy no.

Y el día no ha terminado, mañana os cuento.

miércoles, 9 de julio de 2008

DE BOGOTÁ A MARTOS



Se trata de trasformar una simple estadística en carne y hueso ya que no son números sino personas. Este es un artículo, que con la excusa de la inmigración escribí para la revista de Cáritas. Esta es una historia, pero cada uno de los inmigrantes que llegan hasta nuestros pueblos y ciudades, tiene la suya. Sólo tenemos que querer descubrirlas.





Jairo lleva más de dos años en Martos. Su mujer, María, llegó hace unos siete.
Muchas veces reducimos la inmigración a una simple estadística; los extranjeros que llegan a nuestro país, a nuestras ciudades, son sólo números pero, tras cada una de esas personas existe una historia, la mayoría de las veces unida a la necesidad. La de Jairo es una de ellas.
Jairo Cardona Alzate es moreno, menudo, cortés, humilde y tremendamente agradecido. Sus ojos oscuros brillan como el cristal y confirman con transparencia cada una de las palabras que escoge para hablar de su vida. Nació en la ciudad de Armenia, capital del Departamento (provincia) de Quindio, en Colombia, pero fue en la ciudad de Cartago de la provincia del Valle donde se crió. En la capital del país, Bogotá, tuvo su última vivienda antes de tomar la decidión de venir a España siguiendo a su mujer.
Cuando Jairo llegó a España algo se removió en su interior, no sabe explicar con exactitud qué es lo que sintió. Le dolia el pecho, le invadía la angustia de pensar que se encontraba a miles de kilómetros de su casa, de sus hijos, de su "mamá", pero su mujer, a la que no veía desde hace mucho tiempo, le esperaba.
"Nunca es fácil tomar esa decisión", aclara Jairo, "es muy dificil tomar la determinación de dejar tu país y tu familia para venirse, pero yo tenía aquí algo que me atraía, mi esposa". La familia de Jairo, en Bogotá, tenían un restaurante y un taxi, "era yo el que manejaba", reconoce Jairo. Con el tiempo, tuvieron que cerrar el restaurante y María pensó en emigrar. "Mi esposa tiene unas personas muy allegadas en Italia y le animaron a ir allí, pero cuando finalmente tomó la decisión fue a España donde quiso ir, también tiene familia aquí y la lengua y las costumbres eran más parecidas a las nuestras". Primero llegó a Madrid y allí encontró trabajo para cuidar a una mujer mayor en Jaén. Cuando murió, la familia de la anciana la recomendó a una familia marteña que años después también ofreció trabajo a Jairo. " Los jefes de mi esposa tienen fincas de olivar y me ofrecieron trabajo en el campo. Vine con la tarjeta de peón agrícola y desde el primer dia estoy trabajando. Cuando llegó el verano y se acabó el trabajo en el campo me puse a buscar otro. Mi jefe me dijo que cuando llegara septiembre habría trabajo de nuevo pero yo no podía esperar tanto". Y sí, encontró otro trabajo, desde entonces se ha dedicado al sector de la hostelería, algo que no le era desconocido.
"He dado con gente muy buena aquí en Martos, me han conocido y, de verdad, me han ayudado harto".
En sus palabras se refleja el agradecimiento que siente hacia las personas que se ha cruzado en el camino, que le han tendido la mano y que no le han cerrado ninguna puerta por el simple hecho de ser inmigrante. Aún así, cree que es afortunado y sabe que su situación no es la de otras muchas personas que también deciden buscan un futuro mejor en otro país. "Yo, personalmente, he rodado con una suerte muy bonita - reconoce-, por que hay otras personas a las que les ha tocado domir en la calle y aguantar hambre". Además, sus tres hijos también viven ýa aquí con ellos. "La más pequeña está estudiando en la Universidad de Jaén, mi otra hija terminó sus estudios en Bogotá y acaba de llegar y mi hijo trabajó en la temporada de la aceituna y ahora está pensando en retomar sus estudios de Ingeniería Electrónica". Pero también ha sido en España donde Jairo ha pasado el peor momento de su vida, fue hace un año cuando su madre murió. "EL 20 de mayo se cumple un año. Fue muy dificil cuando falleció mi madre y yo estaba en este país sin poder hacer nada por ella y ni siquiera verla en sus últimos dias. Para mí, ese momento fue uno de los más difíciles de mi vida".
Una de sus máximas es que cada uno es el que hace su vida. "Somos personas que no tenemos problemas con nadie, las personas con las que nos hemos relacionado nos han tomado aprecio por nuestro modo de ser y nos han acogido muy bien. Conocemos a algunas personas que nos ofrecen su ayuda cuando lo necesitamos. Yo no tengo queja de nada ni de nadie de este pueblo".
Y a la pregunta, ¿han pensado volver algún dia?, no duda la respuesta: "yo ya no tengo nada que me atraiga allí, lo que más quería que era mi mamá murió y con mis hermanos no he tenido una relación muy estrecha. Ya que mis hijos están aquí con nosotros, todo lo tengo aquí. De momento yo no pienso en volver pronto aunque la vida da muchas vueltas. A mi me gusta vivir aquí, lo prefiero a una gran ciudad. En un pueblo conoces a la gente y ellos te conocen. Yo hasta el momento estoy muy agradecido aquí y mi familia y yo empezamos a tener proyectos".

viernes, 4 de abril de 2008

HA MUERTO EL HOMBRE DE LOS BOTINES

O de cómo la imaginación crea sus propios personajes.



No sabiamos su nombre, ni su edad, no conocíamos ningún aspecto de su vida, no lo conocíamos a él pero, para nosotros, el hombre de los botines se llamaba José, era el patriarca de una gran familia gitana y desayunaban churros los domingos. Una de sus nietas acababa de empezar a estudiar enfermería, el primer universitario de la familia y además, Mujer.

Y hace unos dias una amiga me llamó para decirme que habia muerto el hombre de los botines.

Nuestra historia con el hombre de los botines (hasta que pasó mucho tiempo no fue José) comenzó hace dos o tres años.

Un amigo se traslada vivir a Jaén y cada día, cuando va al entrenamiento se cruza, cerca de su casa, con un hombre. De unos sesenta años, pelo negro, muy negro, corto de estatura y andares muy peculiares. Calza unos viejos botines de charol negro y con tacón y viste una gabardina gris.

Mi amigo, inmigrante en esta y otras tierras, acostumbrado como estaba a cargar con su equipaje de una ciudad a otra, con los años había desarrollado la costumbre de imaginarse la vida de las personas a las que aún no conocía. De hecho, yo misma, antes de que nos conociéramos, era para él una pintora artística, diseñadora de moda o cantante ( en lo primero tendría que decirle que hoy día no iba tan descaminado). Pero volvamos a la historia de José.

Un día que paseábamos por Jaén nos cruzamos con el hombre de los botines y mi amigo siguió con la mirada todo su recorrido. Al observar la situación, mi curiosidad me llevó a preguntarle que quién era y con toda natualidad me respondió: -mi vecino, el de los botines-.

Imaginen, me quedé como estaba. Resulta que llevaba dos semanas viviendo en Jaén y ese hombre era la primera persona a la que vio cuando salió de casa el primer dia. Le llamó mucho la atención que con el calor que hacía, el hombre fuera enfundado en su gabardina gris la que, por cierto, lucía de manera muy elegante. Pasaban los días y seguía cruzándose en la calle con él aunque no se acercó nunca a hablarle. Pero esa rutina no le inspiró otra cosa que una vida paralela que inventó. Me contó otra tarde que había decidido que ese hombre se llamaba José, era el patriarca de una gran familia gitana y que de joven había sido un gran bailaor (de ahí que se negara a desprenderse de los botines, lo de la gabardina no encontró aún explicación). Tenía más de veinte nietos de los que se sentía tremendamente orgulloso y de hecho, todos los domingos la familia se reunia en su casa para desayunar juntos churros con chocolate que él mismo acababa de salir a comprar. Mi amigo también dedidía qué era lo que le pasaba cada día: si lo veía especialmente sonriente era porque su nieta, la única universitaria de la familia, había aprobado su primer exámen en la facultad. Si, por el contrario lo veía con el ceño fruncido, deducía que ese día había discutido con su mujer porque ésta insistía en que tirara la vieja gabardina ya roida.




Ese día me lo presentó y, poco a poco, se convirtió en un elemento más de mi paisaje habitual. Cuando quedábamos, nos gustaba hacerlo cerca de su casa para ver si nos encontrábamos con José. Nos inventábamos lo que había comido, la nota que su nieta habia sacado en el último exámen, lo bien que le iba a uno de sus hijos en los negocios, la llamada que habia recibido de un peña flamenca para hacerle un homenaje por su trayectoria....

Mi amigo dejó Jaén y yo de encontrarme con José cada martes pero, fruto del azar, varios meses después, una de mis amigas recayó a vivir por la misma zona. ¡Sorpresa!, el primer dia que voy a verla, me cruzo con José. Ya también se lo presenté a ella, no podía hacer otra cosa: ambas seguimos deparándole sorpresas, ilusiones, aunque también alguna decepción, cada día que lo veiamos, ya fuesemos juntas o por separado.

Pero hace unos días mi amiga me llamó para decirme que el hombre de los botines había muerto. Resultó ser vecino de una compañera suya de clase, y hace unos dias, cuando fue a recogerla a casa vio una esquela en la puerta de su edificio.
-¿Quién ha muerto?-le preguntó.
-Un vecino, a lo mejor te suena de verlo por la calle, iba siempre con gabardina y botines de charol negro.

Se llamaba Manuel.